Marinera Norteña - Polémica evolución

LA POLEMICA EVOLUCION DE LA MARINERA NORTEÑA

 

Por Miguel Patiño Bottino

Manuel Jesús Orbegozo tiene autoridad para hablar largo y tendido sobre el tema. Varias veces jurado del concurso nacional de nuestro baile, el respetado periodista otuzcano es autor de una ponencia presentada en el conversatorio sobre la marinera que se realizó en simultáneo con el certamen de 1993 en Trujillo, espacio donde se discutió la necesidad de preservar este baile e incorporarlo de lleno al acervo cultural nacional. Ni purista complaciente ni heterodoxo a ultranza, el famoso MJO cree sin embargo que, como toda expresión artística surgida “del pueblo y para el pueblo”, la marinera no escapa a los rigores de las mutaciones e innovaciones constantes. Dialéctica le llaman.

En el activo cuartel de verano limeño que es su estudio, al frente de una biblioteca imponente decorada con innumerables recuerdos de sus viajes alrededor del mundo como cronista reportero, MJO insiste en que la autenticidad es lo más importante para la calificación de la marinera. “Si no hay autenticidad, todo es falso, todo es postizo, en todo sentido de la vida; a un periodista que finge ser una gran hombre y no lo es, en algún instante lo desbaratarán y todo se va a derrumbar como un castillo de naipes”.

Empero, MJO cree que hay ciertas normas en el baile que no son ni deben ser rígidas. “A un pintor no se le puede decir, este color está bien o este color está mal. Es una cuestión personal, claro que hay lineamientos, pero hablando de la autenticidad, todo lo que es postizo y antinatural, a mi juicio debe ser desechado”, enfatiza.

“Pongamos un ejemplo práctico --- prosigue --- los niños de ocho o diez años que intentan besarse, es decir hacer el coqueteo de los jóvenes, lo hacen porque en las academias les enseñan a besuquearse. Eso no se les debe enseñar a los niños, aunque sea esa la  significación primordial y formal que se le ha dado a la marinera, la del coqueteo entre el hombre y la mujer; porque en el fondo yo sigo pensando que es un homenaje al triunfo de Grau y sus marinos”.

MJO reflexiona sobre las evoluciones de la marinera. “Todo en la vida se va transformando, nada es permanente, nada es eterno y por lo tanto la marinera, originada  a fines del siglo XIX, ha cambiado muchísimo. Por ejemplo, a dos bailarines de marinera norteña un estadio les queda chico, porque se ha vuelto algo acrobática y corren detrás de las parejas. Pero esto de es de algún modo una buena reforma porque es atlética y no degenerativa”.

¿Y bailar de rodillas?, preguntamos. “No me parece un buen aporte. Para un hombre de 70 años que baila marinera y que debe bailar hasta que muera, hacerlo de rodillas es un poco ridículo. Quizás en un instante de la vida es válido, claro porque el baile debe terminarse arrodillado como un homenaje a la mujer, pero bailar así es un poco acrobático y yo no califico a quien lo hace”, asegura.

Para MJO, los estilos de marinera más caracterizados son tres: la limeña, “la clásica, la típica, la original”--- dice ---; la marinera norteña, que es básicamente la trujillana y se baila en todo el norte del Perú, y la sureña que podría ser la puneña. “Como todos sabemos, la marinera de Lima es muy majestuosa. Yo exagero al decir que se puede bailar en un pañuelo. Es una cosa de garbo, salero, quimba, la muchacha baila con una tremenda dignidad. Y en la melancolía de la del sur se nota la idiosincrasia serrana. Si la acompañara una banda de regimiento no sonaría bien porque utiliza la rondalla, el violín y la guitarra”, explica.

EL JURADO

Renglón aparte merece para MJO la labor del jurado de marinera. Cuando le pedimos hacer un perfil del integrante ideal de un jurado, el veterano periodista no duda: “Debe ser culto y conocedor del baile. Hace años, en los inicios del Concurso Nacional de la Marinera, tuve oportunidad de ver a una pareja piurana que bailó excelente, pero por cuestiones regionalistas, un poco citadinas, no le quisieron dar el premio. Resulta que el hombre había tomado sus copas y se enardeció, por eso bailó más auténticamente que los demás. Desde el punto de vista de la representación, la alegría y la gracia, yo le di a él mi mayor puntaje pero el resto del jurado no lo hizo. Puede haber ese tipo de divergencias, no todos tiene que tener la misma percepción”.

Pero MJO también cree que el jurado debe fijarse en factores que atentan contra la autenticidad del baile. “Ahora hay mucho irrespeto, yo he visto bailar a mis padres y a mis abuelos, y ese enamoramiento del baile impide que el hombre  pueda tocar a la pareja. Desde el punto de vista teórico, el hombre está que se acerca pero no puede… si se acerca a la mujer, esta se escapa, no la puede siquiera tocar. Ahora hasta se abrazan. Esto no puede ser, se atenta contra una norma ética de la marinera”.

Aunque, valgan verdades, MJO considera que ese purismo no lo puede entender cualquiera porque la marinera evoluciona. “En tanto no degenere en algo reprochable, hay que aceptar los cambios en la marinera. Con eso del acercamiento, hay que ver que no sea muy brutal, muy fuera de tono o muy sensual más allá de la sensualidad propia del baile; o evitar que el muchacho se quiera propasar con la pareja”, ríe.

Más adelante refiere otra anécdota  sobre el famoso campeón Renato Benavides, quien en una ocasión hizo girar el pañuelo sobre la yema de los dedos de una forma poco ortodoxa. “Desde el punto simbólico, el pañuelo significa la bandera que ondea en lo alto del mástil. Pero fue una novedad agradable, que al público le gustó”, recuerda MJO.

INNOVACIONES

Contra lo que pudiera pensarse, MJO celebra que haya cobrado fuerza, como signo distintivo de cierta marinera norteña, el que los hombres y mujeres bailen descalzos, a la usanza mochera. “Eso surgió hace algunos años cuando a la mochera Olga Fernández se le rompió el zapato. Al ver que no podía seguir, optó por sacárselos y desde allí quedó así. Sin embargo esos sería algo que no se admitiría en la marinera limeña, sería un absurdo”. Una sutileza que advierte MJO --- y que le causa escozor --- es que algunos bailarines mantengan hasta ahora la postura del brazo doblado, como si colocaran la mano  apenas adentro de un bolsillo invisible o un chaleco inexistente. “Los antiguos ejecutantes bailaban con la mano así (hace un gesto ilustrativo), pero a mi me parece demasiado ridículo. Se ha aprendido tanto que ya nadie lo critica”.

La fastuosidad en la vestimenta es algo que MJO tampoco ve con buenos ojos. “En algunos casos parece que se ha vuelto un concurso de vestidos, a cual más lujoso y caro, cuando lo que se debe mostrar es autenticidad del las prendas, quizás un vestido negro, largo,  con  blondas. En fin eso proviene de la coquetería femenina, algo que puede soportarse. Pero habiendo tal diversidad de estilos en las vestimentas, es hermoso ver las ropas que se usan en Chumbivilcas, en Catacaos, en Otuzco. Los que concursan no son los vestidos, ni el oro, ni las joyas”, finaliza.

Revista Ser Mujer, pgs. 8 y 9

Diario La Industria – Trujillo

2 de febrero del 2002

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